No quiero mencionar algo sobre el sol negro, pero tengo que confesar que si lo he visto, dentro de tus ojos ahogándose en el caos de tu mente. Dejándome sin consuelo, abandonándome lentamente, retirándote de cada cosa que tu cuerpo puede tocar.
Ese oscuro sol, suena como lluvia rompiendo los huesos de una ciudad, comiendo el acero y corrompiendo sus venas, dejándola amnésica, haciéndola virgen otra vez.
Es ese encanto pecaminoso me hace llorar para ahogar ese calor, para descongelar el frio y antes que me consuma dejo escapar ese rio contenido en mi corazón y encausado por mi espíritu.
Trato de endulzar esa negra bola que queda donde hubo vida, me esfuerzo para que mi adiós sea formidable, pero solo veo esos soles negros, no me dan más opciones que cubrirlos con un parpadeo permanente. Escuchando con tu voz, el cliché, que la vida es un pestañeo.
Sunday, September 16, 2012
Tuesday, August 07, 2012
Doppelganger
De seguro uno ha escuchado que no hay 2 copos de nieves iguales, pero uno insiste en querer encontrarlos. Ese esfuerzo constante encontrar el espacio calco de uno, soñar en que todos somos piezas de un rompecabezas gigantes y sin darte cuenta encajas en tu espacio sin esfuerzo, por un segundo todo tiene sentido y te sientes completo.
Pero la vida no es así, la verdad es que nunca encontraras otro igual a ti, quizás parecido (aunque créeme es peor, te terminaras hostigando).
Por lo mismo me gustaría contar una conversación, que sucedió hace un tiempo, sin fecha ni lugar, solo en un atardecer.
-Así que eres impulsiva-
-Sí, más allá de eso, solo actuó- se rio como si comprendiera una gracia sus dichos
-Yo, al contrario pienso, y pienso mucho cada cosa que hago- medite como si tratará de comprenderla, nunca juzgarla
-Pero la paso bien, aunque tenga problema-
-Supongo que debe tener consecuencias- yo le sonreí en forma de aceptación –igual debe ser sumamente entretenido-
-A veces- no me miro, solo observo el vació frente a nosotros, una distancia que no podía ser medida por escalas métricas, solo por pasos que la acercaban al sol que torneaba sus rasgo con un dorado pálido. En ese momento un recuerdo, una mujer ya oculta en mi subconsciente, se manifestó. Mi cabeza empezó a jugar con su silencio, en mi ataque de egolatría, nos compare con una araña que teje y teje, para que el caos se manifieste en sus redes, y yo una tortuga que se desliza en el universo, entre las estrellas y moldeando la forma, manifestación del orden de las cosas. Sentí que dos deidades se encontraban en cuerpos carnales, para conversar unos minutos.
-Sí, pero la felicidad es una decisión- fue lo que dije para aterrizar un poco
-Eso suena muy posesivo, como si buscaras el control-
-Exacto, hay esta la magia, porque pareciera que controlas, pero la decisión de ser feliz va más allá del control, sino en la aceptación de las cosas y disfrutarlas mientras están, cuando ya no, seguir disfrutando la ausencia- aún mi cabeza le costaba aterrizar, en esos ojos verdes se encerraba un eco, un laberinto verde, sin minotauros, quizás algunos tigres que siempre vuelven a devorarte, una mujer perdida en ese laberinto.
Sin nombre, quizás uno dicho por un ciego, que buscaba ídolos de oros para armar templos ortodoxos a las letras, a contar vidas sin haber vivido una.
-Quizás tienes razón, es aceptar el secreto- en esa frase se desvaneció el laberinto, aquella mujer que se reflejo en ella volvió a ser un fantasma, dejo un recuerdo perdido en otro.
Quizás siguió hablando, su voz era distinta y el sol ya no la dibujaba. Pero solo me dejo un recuerdo, no hay más como ese. Agradezco que solo sea uno porque eso lo hace valioso.
Thursday, August 02, 2012
Divagaciones en los viajes del metro
Mi única habilidad real es ver la naturaleza de las personas, no es algo muy práctico en realidad, porque las personas siempre quieren respuestas como eres bueno o malo o voluntarioso; no la naturaleza no es tan simple como un parámetro moral que crece con los años y muere con las generaciones. Solo basta una guerra, accidente o una palabra y todo vuelve a cero.
La naturaleza de las personas es como el universo, tan basto y en constante crecimiento que nunca puede ser entendida del todo, tal vez comprendida. Cierto, esta es la parte en que tu piensas que como yo soy capaz de ver eso o simplemente comprenderlo, tienes razón blufee un poco, lo que yo puedo ver y sentir es el matiz predominante, pero de ninguna forma te clasificare o condenare por ello.
Porque te cuento esto, yo también me lo pregunto, pero creo es que intento en crear en ti la posibilidad de abrir esa parte de ti que esta cerrada a sentir, es increíblemente común que las personas se vistan de espinas y hablen como se estuvieran botando gases por su boca constantemente, si pueden que esas personas estén cercanos a ser no gratos, pero si te hablan es porque se escuchan en ti, por un momento abandona lo que dicen y hacen, siente su voz, siente como cada palabra es una nota de una canción que estas ignorando, busca dentro de esa melodía que te hace sentir, que esta tratando de salir quizás sea soledad, ambición, deseo, etc. Ahora el segundo paso es tratar de sentir ese sentimiento desde tu perspectiva, abrazarlo y tomarlo hasta ahogarse. El tercer paso, es liberarlo, tu que harías por ti, como tu buscaría estar más cerca de la felicidad. Finalmente el cuarto paso, es hacer por el otro lo que tu querías sin esperar nada a cambio, porque esto no es economía ni un trueque, esto es hacerlo fluir.
Divagac
Hay que tirar piedras al mar, para las olas encontrar.
Sunday, July 29, 2012
Susy
Para esta historia quisiera narrarla, como si no fuera presente, ya que los narradores abstractos y lejanos saben que omitir, ya comprenden el error del tiempo grabado sobre los hechos.
Susana mujer de espalda ancha y cintura pronunciada, de piel blanca, ojos castaños como las hojas de otoño y cabello levemente rojizo. Tenía 4 hermanas, y ella era la de al medio, se sentía como el aire entre el pan y sus ingredientes, sin sustancia y nunca nadie la percibía. Por esto ella carecía de voluntad y determinación, su inseguridad se manifestaba en su infructuosos intentos de esconderse detrás de una chasquilla o capucha. El otro problema que la aquejaba, es que tenía una madre un poco estricta, la cual no la dejaba acercarse a un rango de 2 cuadras con un amigo o salir algún lugar era realmente una misión imposible, evadiendo gritos y miradas culpables.
Pero Susy tuvo una oportunidad de lograr un cambio, salvarse de esa ausencia de persona que la estaba transformando en nada.
Si la memoria no falla fue a mediados de septiembre del año 2001, que después de llevar hablando casi un año con un tipo que conoció de internet se decidió a conocerlo. Las primeras impresiones suelen ser lapidarias, ya que ella vio un buen hombre de 16 años, tierno amoroso y preocupado por lo que sentía, más cosas de las que podía haber encontrado con sus amigos y familia.
En su primera junta, ellos se miraron a los ojos y hablaron trivialidades, hasta que el deseo los alcanzo un beso se manifestó, la falta de experiencia se manifestó en un choque de dientes y una lengua perdida. Pero a ella no le importo, no le gusto, pero tampoco era lo que estaba buscando. Un beso mal dado era sacrificio justo, para obtener un abrazo o un cariño.
Los primeros meses se sintió viva, llena de gracia. Su sustancia abstracta ya no era tan vacía, empezó a sentir que alguien la quería, que la necesitaba. Cometió su primer error, se lleno de otra persona.
Las semanas comenzaron a pasar, las primeras llenas de tardes junto a él. Aunque más pasaban menos días se iban encontrando. Hasta que un tarde simplemente no llego. Decidida a no perder lo bueno que había conseguido, fue hasta la casa del muchacho, una mujer desesperada y ansiosa tiene más medios de los que aparenta.
Después de 30 minutos caminando y un par de calles equivocadas, llego a un pasaje con una reja negra, había una señora barriendo en la calle. La recibió amablemente, la llevo a tomar once y conto historias vergonzosas, que la hicieron llenarse aún más con la imagen del muchacho. Hasta se sintió una hija más de otra familia. Pero él no llego, así que se retiro a su casa.
Pasaron los días y seguía sin saber de él, trataba de recordar un abrazo, un beso o un gesto de cariño, pero cada recuerdo estaba más lejos, y se acercaban al camino del olvido. Pero ella no quería perder. No, ahora que tenía algo que la hacía ser alguien. Así que hizo lo que hace cualquier persona, ir a exigir explicaciones, exigir culpa y que se ablande vuelvan a esos breves días de conocerse.
Ella partió en bicicleta a la casa del muchacho, esta vez si estaba, la recibió con una polera y bóxer. Un hedor se desprendía de él, como si ya su piel había olvidado el jabón. Unas ojeras enormes cubrían su rostro.
Susy pensó lo peor, salto abrazarlo y él la evadió, la examino con la mirada y la beso, dejo que la pasionalidad tratara de hacer todo el resto, pero ella no eran sus hormonas lo que la movían sino era algo más intimó, era el deseo de amarse a través de otra persona. Pero aún ese exabrupto no la alejo. Lo dejó avanzar, hasta que su propio cuerpo lo recazo, el muchacho se rio y se fue, ella lo siguió, el sentó en su computador y le dijo que de hace días no dormía por estar jugando. Ese fue el primer disparo que le dio, esa era su explicación, tan absurda y sin sentido que no tenía justificación alguna. Luego vino el segundo impacto, cuando de la boca del muchacho, que no habían pasado más de 10 minutos que la busco para hacerla suya, le dijo “esto no funciona, yo amó otra persona, seamos amigos”, ese impacto lo sintió en el estomago y subió un asco hasta la garganta. Luego el muchacho le tomó la mano y la dejo en la puerta, se despido y entro a su casa.
Susy, destrozada, subió a su bicicleta y comenzó andar. Se asqueaba por estar tan llena de mierda, de no tener nada y lo que tenía no era lo que pensaba. Se sintió más distante de ella, de todo, ahora no era ni aire, estaba podrida e infectada con la carencia de dignidad de ese hombre. Mientras su cabeza viaja en una eterna retrospectiva, vio un auto y decidió no salvarse, no evadirlo, si las palabras fueron disparos, el auto fue literalmente el impacto de la realidad. El golpe fue tan fuerte que su bicicleta se deformo, ella salto unos metros y su cabeza fue lo primero en rencontrarse con el suelo.
El chofer del vehículo la auxilió, desesperado la llevo al hospital más cercano, a las horas llego su familia, luego sus amigos y finalmente su conciencia retorno. Susy despertó los vio a todos y se sintió llena, pero de ella, ese golpe mató la usencia y lleno el cuerpo de una sensación que no conocía, la auto conservación. Quizás nunca había sabido que era porque nunca había sabido cuan perdida estaba, cuando ese miedo de perder tu vida y el instinto tira y te trae de vuelta.
Susy miró a todos, comprendió que siempre había estado en ella y nunca los había necesitado, ella comprendió en su breve experiencia que no necesita de nadie para saber quien es, para sentirse llena. Ahora su naturaleza le regalo el primer paso para construirse, porque rescato el deseo de seguir acá por ella.
Tuesday, July 17, 2012
Dialogos de odio
Y paso en balde, trato de golpearlo con el brazo que ya no tenía y el alcohol le robo el equilibrio. Quedo tirado en el piso. El hombre que de un solo combo un par de dientes, ahora lo miraba bien. Sin un brazo, sin dientes, francamente el hombre era horrible y olia como si fuera mierda de verdad, no solo la social, a pesar que tuvo sentimientos por sus observación, le escupio la cara y le patio el ocico.
Agarro un vaso y se lo tiro al cuerpo, luego de una patada el quebro el vaso en el vientre, mientras le gritaba:
-PUTO LISIADO! PEGAME, DEMUESTRAME QUE AÚN ERES ALGO- era su forma de no discriminar, su forma de ver a ese viejo muerto de hambre como otra persona más.
El viejo solo gemía como un cachorro. La gente del bar se dedicaba a ver como el cabeza rapada hacia de su fe, su actuar. Sus costillas estaban cediendo, el viejo ya acabado por sus enfermedades y los años no fueron menos generosos, no queria quedar como una cucaracha. Algo de autoconservación queda, los hombres solo dan lo mejor de si cuando estan en la peor situación. El viejo entre los dolores, sintió un trozo de vidrio en su costado, logro sacarselo sin que se diera cuenta el cabeza rapada, entre todo la sangre no lograba distinguirse las acciones. Con la fuerza, precisión y suerte de un hombre desesperado hizo su jugada, en una patada logro meter el vidrio en el tobillo de su agresor. Este se desplomo por el dolor.
El viejo en un acto de dignidad se pone en pie, con la ayuda de su adrenalina, vuelve a tomar el vidrio y se lo introduce en la pierna. Luego se desploma en el piso.
El cabeza rapada, no lograba asimilar nada, solo sentía como el vidrio se introducia a su cuerpo, sin poder mover la pierna.
Friday, July 13, 2012
El Orubon Blanco
El orubon blanco
Respiraba sobre tu boca, esperando encontrar una palabra. Pero el sueño te abrazaba tan fuerte que no podía recordar como llegamos a esta cama.
Me agobia tu falta de sentido, siempre fuiste frívola y hermosa. Casi como una caja de dulces.
Ahora volvemos estar en la cama, tu durmiendo desnuda y yo sin sueño mirándote. Dibujando tu rostro en mi cabeza una vez más, para retener hasta tu última imperfección. Cada detalle que consideras que debes reparar, pero yo amo. Cada arruga que se ha marcado en tu rostro, es como el tiempo ha terminado de tallarte.
Me resulta misterioso el humor divino, se cuenta el mismo chiste reiteradas veces, que por cansancio te roba una sonrisa. Esa burda falacia del eterno retorno, es más bien disfrazar la humanidad con seda y masturbarse hasta que hace el amor consigo mismo. No. Las cosas se repiten o pensamos que repetimos, porque somos iguales en más sentidos de los que comprendemos y diferentes en más sentidos de los que entendemos. Repetimos las cosas porque la humanidad, si bien ha existido por casi diez mil años nadie ha vivido más de cien. Si descansas, como lo haces ahora, es como si la humanidad lo hiciera por primera vez, al despertar toda una raza olvida que hiciste. Somos muchas historias de cien años en un catalogo de miles, pero ninguna aprovecha la anterior porque la vida es finita, empieza y termina en ti.
Pero sigues dormida. Me gustaba ver tus ojos cruzándose con los míos, parecía que me querías a pesar de las cosas que decías y parecía que te amaba a pesar que no decías cosas. Ahora que cubres esos ojos con tus parpados, me has quitado el placer de parecer.
Ni sabes que hora es, yo disfrutando cada segundo que pasa y tu te iras en un sueño sin tiempo, te saltas el tiempo como el que quieres borrar o el que procuras olvidar.
Lo más horrible de todo, es que ya son las 6am, ya vienen por mi, ya saben que no tome el medicamento, ya saben que soy tu, ya saben que he dicho... pero ellos no saben como es mirarte cuando ya estas atada.
Thursday, June 18, 2009
El paro
-Oye déjame pasar-
-No-
-Pero yo quiero entrar-
-Que no- detrás de él se pusieron dos tipos más –que no puedes pasar-
-Pero si dijeron que era una ocupación cultural-
-Ahora somos un paro indefinido-
-Pero hueón yo quiero entrar a estudiar-
-Que esto lo hacemos por un mejor futuro-
-Si yo no entro a estudiar no tendré futuro-
-Solo te preocupas de ti, no te importa el resto-
-Pero si no ganan nada haciendo esto… llevamos casi el semestre sin clases-
-Pero ves que a los profesores le pagaron-
-Pero que sacamos que les paguen si se toman el colegio y no pueden hacer clases-
-Es por un mejor futuro-
-Que me hablas de futuro, tu apellido es Echaurren, hagas lo que hagas ya tienes donde caerte muerto yo no-
-Eres un pobre resentido-
-No! Solo quiero estudiar, yo necesito responder para llegar a tener algo-
-No piensas en tus compañeros-
-Sí pienso en ellos, ellos saben que tenemos que estudiar o hacer algo-
-Pero tendrán una mala educación-
-Puede ser, pero ahora no me dejas ni eso tener-
-Con esto presionamos al gobierno para que nos tome en cuenta-
-No, presionamos sentándonos fuera de la moneda o tratando de ir a la tele… no se, algo más que huear dentro del colegio-
-No sabes nada de política- se toco la cabeza
-Tú no sabes nada de querer salir adelante-
-Eres un pobre resentido, ya ándate- volvió a entrar al colegio, el otro muchacho se quedo en la reja, mirando como se le cerraba la puerta.
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Estos cabros tendrán clase hasta febrero
-No-
-Pero yo quiero entrar-
-Que no- detrás de él se pusieron dos tipos más –que no puedes pasar-
-Pero si dijeron que era una ocupación cultural-
-Ahora somos un paro indefinido-
-Pero hueón yo quiero entrar a estudiar-
-Que esto lo hacemos por un mejor futuro-
-Si yo no entro a estudiar no tendré futuro-
-Solo te preocupas de ti, no te importa el resto-
-Pero si no ganan nada haciendo esto… llevamos casi el semestre sin clases-
-Pero ves que a los profesores le pagaron-
-Pero que sacamos que les paguen si se toman el colegio y no pueden hacer clases-
-Es por un mejor futuro-
-Que me hablas de futuro, tu apellido es Echaurren, hagas lo que hagas ya tienes donde caerte muerto yo no-
-Eres un pobre resentido-
-No! Solo quiero estudiar, yo necesito responder para llegar a tener algo-
-No piensas en tus compañeros-
-Sí pienso en ellos, ellos saben que tenemos que estudiar o hacer algo-
-Pero tendrán una mala educación-
-Puede ser, pero ahora no me dejas ni eso tener-
-Con esto presionamos al gobierno para que nos tome en cuenta-
-No, presionamos sentándonos fuera de la moneda o tratando de ir a la tele… no se, algo más que huear dentro del colegio-
-No sabes nada de política- se toco la cabeza
-Tú no sabes nada de querer salir adelante-
-Eres un pobre resentido, ya ándate- volvió a entrar al colegio, el otro muchacho se quedo en la reja, mirando como se le cerraba la puerta.
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Estos cabros tendrán clase hasta febrero
Tuesday, June 16, 2009
Acción!
¿Cuantas capas tienen las personas?
Según el ogro verde somos como cebollas, asumo que es por el mal aliento que algunas dejan. Pero si se saben cocinar tienen buen gusto.
Pero nuestro ídolo popular no puede responder la pregunta. Bien considero que las personas tienen una mascara, pero para el teatro de la vida. Así los niños lloran cada vez que se asoman en este inmenso escenario de dementes, desde esa temprana edad te enseñan a cultivar la mascara y los deseos reprimidos para desenvolverte en el papel que iras escribiendo.
Luego cuando te toca debutar por primera vez, sonríes ante tu público, pero te abuchea. Eres aún más feliz, porque nadie ve cuando lloras.
Pasan los años y vuelves, esta vez con traje de payaso. Pero no te hace gracia, aunque todos se ríen de ti y creen que con entienden lo que paso. Esta vez el payaso vuelve a llorar, pero nadie lo ve; las lágrimas se ahogan en esa sonrisa agridulce.
Pasan los años y ahora te toca enfrentarte con otros actores, cantas canciones a un balcón y vuelve música de él. Sientes amor, pero no entiendes porque las mascaras van cambiando, pero el amor no. Así en giro brusco dramático, todos los personajes cambian de mascaras, no sabes a quien amabas, no sabes quien eres… ya no puedes confiar.
Pasan los años y vas de torero, tu capa es hermosa y estoque implacable. La bestia incomprendida, te embiste, bailas a su alrededor, sartas el estoque en su espalda. Pero no lo abates. Vuelta, se tira más enrabiado, eres menos hábil aunque ágil y lo evades. Pero vuelve a ti, esta vez ves sus ojos de dolor, atraviesa la mascara y te sientes desnudo. Débil. Aparece una vieja capa al frente tuyo y detiene a la bestia calmándola y no matándola. Admiras y quieres ser ese personaje.
Ahora tienes una capa vieja y una mascara usada, ideales manoseados. Años que no son tuyas y obligaciones autoimpuestas.
Vas por la vida, vuelves a cantar a un balcón, esta vez la música viene de las escaleras. Hermosa la musa, vinos dulces… el coro aúlla. Sientes amor, vuelves a seguir el guión, cumples con reglas impuestas. Bailas cuando te lo dicen. Ries cuando es debido. Caminas donde te indican. Terminas cuando se te dice, las mascaras cambian otra vez. Nada sigue igual, nada noto el cambio.
Sigues con una mascara compuesta. Pasas por la aventura, recorres el camino. Te dicen que te vuelves a enamorar, esta vez esta a tu lado. La música es hermosamente muda. Carente de infantilismo.
El escenario resplandece, todos los personajes corren de un lado otro, sigues el guión. Generas el drama: toca terminar el capitulo.
Esta vez te niegas… miras al director invisible, dejas caer la mascara en el reconocimiento de la humanidad. Tiras la capa a sus pies, muestra que eres joven. Votas el traje de payaso, ya que nadie se volverá a reír.
Por primera vez en toda esta historia quieres cambiarla, no seguirás el guión, no aceptaras los pasos, no te dirán donde bailar, ni que hacer.
Esta es la primera vez en tu vida, que no tienes que ocultar nada. Lloras riendo, mirando el vació del público, preguntándote ¿porqué me oculte tanto tiempo?
Según el ogro verde somos como cebollas, asumo que es por el mal aliento que algunas dejan. Pero si se saben cocinar tienen buen gusto.
Pero nuestro ídolo popular no puede responder la pregunta. Bien considero que las personas tienen una mascara, pero para el teatro de la vida. Así los niños lloran cada vez que se asoman en este inmenso escenario de dementes, desde esa temprana edad te enseñan a cultivar la mascara y los deseos reprimidos para desenvolverte en el papel que iras escribiendo.
Luego cuando te toca debutar por primera vez, sonríes ante tu público, pero te abuchea. Eres aún más feliz, porque nadie ve cuando lloras.
Pasan los años y vuelves, esta vez con traje de payaso. Pero no te hace gracia, aunque todos se ríen de ti y creen que con entienden lo que paso. Esta vez el payaso vuelve a llorar, pero nadie lo ve; las lágrimas se ahogan en esa sonrisa agridulce.
Pasan los años y ahora te toca enfrentarte con otros actores, cantas canciones a un balcón y vuelve música de él. Sientes amor, pero no entiendes porque las mascaras van cambiando, pero el amor no. Así en giro brusco dramático, todos los personajes cambian de mascaras, no sabes a quien amabas, no sabes quien eres… ya no puedes confiar.
Pasan los años y vas de torero, tu capa es hermosa y estoque implacable. La bestia incomprendida, te embiste, bailas a su alrededor, sartas el estoque en su espalda. Pero no lo abates. Vuelta, se tira más enrabiado, eres menos hábil aunque ágil y lo evades. Pero vuelve a ti, esta vez ves sus ojos de dolor, atraviesa la mascara y te sientes desnudo. Débil. Aparece una vieja capa al frente tuyo y detiene a la bestia calmándola y no matándola. Admiras y quieres ser ese personaje.
Ahora tienes una capa vieja y una mascara usada, ideales manoseados. Años que no son tuyas y obligaciones autoimpuestas.
Vas por la vida, vuelves a cantar a un balcón, esta vez la música viene de las escaleras. Hermosa la musa, vinos dulces… el coro aúlla. Sientes amor, vuelves a seguir el guión, cumples con reglas impuestas. Bailas cuando te lo dicen. Ries cuando es debido. Caminas donde te indican. Terminas cuando se te dice, las mascaras cambian otra vez. Nada sigue igual, nada noto el cambio.
Sigues con una mascara compuesta. Pasas por la aventura, recorres el camino. Te dicen que te vuelves a enamorar, esta vez esta a tu lado. La música es hermosamente muda. Carente de infantilismo.
El escenario resplandece, todos los personajes corren de un lado otro, sigues el guión. Generas el drama: toca terminar el capitulo.
Esta vez te niegas… miras al director invisible, dejas caer la mascara en el reconocimiento de la humanidad. Tiras la capa a sus pies, muestra que eres joven. Votas el traje de payaso, ya que nadie se volverá a reír.
Por primera vez en toda esta historia quieres cambiarla, no seguirás el guión, no aceptaras los pasos, no te dirán donde bailar, ni que hacer.
Esta es la primera vez en tu vida, que no tienes que ocultar nada. Lloras riendo, mirando el vació del público, preguntándote ¿porqué me oculte tanto tiempo?
Monday, June 15, 2009
Digiriendo
Alguien me dijo que comía mi alegría. Yo le dije que vomitaba mi tristeza. Otro sonrió dijo que esa era la digestión de mi vida.
Uno más me toco la cabeza, pregunto que ¿había ahí?, alguien que pasaba dijo nada y otro solo se limito a bajar la cabeza. Llego una mujer me tomo el corazón y lo alzo, yo por no tener cuidado tire el suyo y ella dejo caer el mió.
Ahora trato de limpiar todo, mientras vomito todo lo que comí, sin dejar de pensar como corregir el error que cometí.
Uno más me toco la cabeza, pregunto que ¿había ahí?, alguien que pasaba dijo nada y otro solo se limito a bajar la cabeza. Llego una mujer me tomo el corazón y lo alzo, yo por no tener cuidado tire el suyo y ella dejo caer el mió.
Ahora trato de limpiar todo, mientras vomito todo lo que comí, sin dejar de pensar como corregir el error que cometí.
La redencion del Dragón
Todas las historias están enlazadas, aunque no siempre lo parezca.
El día de hoy voy a contar una historia que parece ser inventada, pero alguien me lo contó en un sueño y si la gente no les quiere creer, no por eso dejan de ser ciertos.
Era un mundo joven con costumbres nuevas, de cielos rojizos y de mares verdes. De criaturas gigantescas y magia latente.
En ese mundo había un hombre muy enamorado de una estrella, que bajaba todos los días a comprar verduras. Tiene piel color canela y una suave voz, pero el carácter de un señora, estricta y servil.
Nuestro hombre enamorado no era más que un joven filólogo, entenderán que un oficio así, no tenía mucho sentido en una tierra donde el idioma aun se formaba en vagos sonidos universales. Pero él en sueños soñaba con una tierra rica en sonidos y significados, donde el lenguaje tenía gran importancia y valor para los seres de ese mundo y su historia.
Pero por lo extraño de su oficio, no se atrevía acercarse a su estrella. Le sonreía, buscaba topársela, le dejaba rosas a su pasar, solía pagar sus cuentas sin que ella lo descubriera.
Así paso algún tiempo, hasta que las cosas comenzaron a cambiar, las estrellas empezaban a volver a su telar, ya habían terminado su paso en esta tierra. Nuestro joven amigo no quería que eso sucediera, así que comenzó todas las noches a destejer el telar que con tanto esmero ponían en el cielo todas las noches. Era un día más que podía verla, un momento más que podía tenerla… a la distancia.
Pasaron así los años, hasta que lo descubrieron. Fue sometido a un tribunal, donde apelo a que no vio las consecuencias, donde dijo que estaba enamorado, que no tuvo el valor de decir lo que pasaba. Así que prefiero darse el tiempo, para adquirir el valor, pero este nunca llego.
Las estrellas meditaron y consultaron a su estrella, que de rabia y odio lo repudio.
Entonces por su oficio y su crimen, su castigo debía ser algo que los hombres no olvidaran, que temieran, hasta que las estrellas estimen lo contrario.
Entonces el muchacho fue transformado en un dragón, pero no en aquellos que volaban de vez en cuando su ciudad, sino un dragón eterno encadenado a los sueños de los hombres.
Así pasaron miles de millones de años, aparecieron y desaparecieron distintas razas de hombres y pero todos lo recordaban, algunos lo veneraba otros los endemoniaba. Pero era parte de ellos, era parte de lo hombres ese dragón.
Que cuando todos duermen, lo ven tratando de alcanzar las estrellas en busca de un beso redentor.
La redención que es la moraleja de estos hombres, que hasta que no comprendan eso, ese pobre dragón será una sombra de su propio error.
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Busco la estrella que esta escondida en esas nubes
El día de hoy voy a contar una historia que parece ser inventada, pero alguien me lo contó en un sueño y si la gente no les quiere creer, no por eso dejan de ser ciertos.
Era un mundo joven con costumbres nuevas, de cielos rojizos y de mares verdes. De criaturas gigantescas y magia latente.
En ese mundo había un hombre muy enamorado de una estrella, que bajaba todos los días a comprar verduras. Tiene piel color canela y una suave voz, pero el carácter de un señora, estricta y servil.
Nuestro hombre enamorado no era más que un joven filólogo, entenderán que un oficio así, no tenía mucho sentido en una tierra donde el idioma aun se formaba en vagos sonidos universales. Pero él en sueños soñaba con una tierra rica en sonidos y significados, donde el lenguaje tenía gran importancia y valor para los seres de ese mundo y su historia.
Pero por lo extraño de su oficio, no se atrevía acercarse a su estrella. Le sonreía, buscaba topársela, le dejaba rosas a su pasar, solía pagar sus cuentas sin que ella lo descubriera.
Así paso algún tiempo, hasta que las cosas comenzaron a cambiar, las estrellas empezaban a volver a su telar, ya habían terminado su paso en esta tierra. Nuestro joven amigo no quería que eso sucediera, así que comenzó todas las noches a destejer el telar que con tanto esmero ponían en el cielo todas las noches. Era un día más que podía verla, un momento más que podía tenerla… a la distancia.
Pasaron así los años, hasta que lo descubrieron. Fue sometido a un tribunal, donde apelo a que no vio las consecuencias, donde dijo que estaba enamorado, que no tuvo el valor de decir lo que pasaba. Así que prefiero darse el tiempo, para adquirir el valor, pero este nunca llego.
Las estrellas meditaron y consultaron a su estrella, que de rabia y odio lo repudio.
Entonces por su oficio y su crimen, su castigo debía ser algo que los hombres no olvidaran, que temieran, hasta que las estrellas estimen lo contrario.
Entonces el muchacho fue transformado en un dragón, pero no en aquellos que volaban de vez en cuando su ciudad, sino un dragón eterno encadenado a los sueños de los hombres.
Así pasaron miles de millones de años, aparecieron y desaparecieron distintas razas de hombres y pero todos lo recordaban, algunos lo veneraba otros los endemoniaba. Pero era parte de ellos, era parte de lo hombres ese dragón.
Que cuando todos duermen, lo ven tratando de alcanzar las estrellas en busca de un beso redentor.
La redención que es la moraleja de estos hombres, que hasta que no comprendan eso, ese pobre dragón será una sombra de su propio error.
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Busco la estrella que esta escondida en esas nubes
Sunday, June 14, 2009
Descuidando necesidades
Estaba sentado en el parque, ya cansado de recriminarse sin lograr nada. Sin poder dar con una solución lógica, estaba ya abandonado a su fe, a una esperanza que quería iluminar más que la ceguera que lo llevo a cometer su error.
Solo tenía la necesidad de enmendarse, pero ante eso solo debía esperar. Esperar como lo hacen los árboles, hasta que caminan, pero nadie los ve porque nadie atiende las necesidades del resto. Pocos se detienen a verlo y menos que esos ayudan a satisfacer esas necesidades.
La necedad de muchos no ven el milagro, que él observa cada vez que se tira en esa banca, cada vez que espera que uno se mueva. La necesidad de los seres inertes es moverse, es vivir más allá de sus raíces. Conocía alguien de cualidades similares, capaz de moverlas de regiones de abundante agua a unas más áridas. En ese movimiento, la vio.
Como ahora ve ese árbol caminar entre pequeños juegos infantiles, para buscar un mejor lugar para observar, entenderse. Esos árboles se mueven durante días, nadie escucha sus impresionantes pasos. Ni sus murmullos, que son letras no muertas.
A pesar que él siempre trata de ver, no vio lo que pierdo, cuando se cegó. Nunca supuso lo difícil lo que era aceptar un error.
Recordaba su árbol, hermoso y poderoso, aunque pequeño; ahora marchito.
Una vez que el árbol llego al lado de los columpios se sentó, estableció sus raíces, se acercó y le pregunto ¿por qué ahí?, pero los árboles no escuchan, eso lo hacía solo el suyo. Así que se resigno solo a ver lo que miraba el viejo árbol. Eran los columpios, sintió la metáfora encarnarse en su piel, la eterna metáfora de la vida (el ir y venir, en un balanceo).
No fue mucho más que un breve consuelo, solo deseaba que su árbol volviera a florecer, solo deseaba la oportunidad de que volvieran a creer.
Volvió a sentarse, a esperar, no había nada que hacer por lo hecho esta.
El árbol se compadeció de su semblante de tristeza, le regalo una amapola.
Pero no la vio, seguía esperando volver en el columpio, que su pequeña tormenta terminara.
Solo tenía la necesidad de enmendarse, pero ante eso solo debía esperar. Esperar como lo hacen los árboles, hasta que caminan, pero nadie los ve porque nadie atiende las necesidades del resto. Pocos se detienen a verlo y menos que esos ayudan a satisfacer esas necesidades.
La necedad de muchos no ven el milagro, que él observa cada vez que se tira en esa banca, cada vez que espera que uno se mueva. La necesidad de los seres inertes es moverse, es vivir más allá de sus raíces. Conocía alguien de cualidades similares, capaz de moverlas de regiones de abundante agua a unas más áridas. En ese movimiento, la vio.
Como ahora ve ese árbol caminar entre pequeños juegos infantiles, para buscar un mejor lugar para observar, entenderse. Esos árboles se mueven durante días, nadie escucha sus impresionantes pasos. Ni sus murmullos, que son letras no muertas.
A pesar que él siempre trata de ver, no vio lo que pierdo, cuando se cegó. Nunca supuso lo difícil lo que era aceptar un error.
Recordaba su árbol, hermoso y poderoso, aunque pequeño; ahora marchito.
Una vez que el árbol llego al lado de los columpios se sentó, estableció sus raíces, se acercó y le pregunto ¿por qué ahí?, pero los árboles no escuchan, eso lo hacía solo el suyo. Así que se resigno solo a ver lo que miraba el viejo árbol. Eran los columpios, sintió la metáfora encarnarse en su piel, la eterna metáfora de la vida (el ir y venir, en un balanceo).
No fue mucho más que un breve consuelo, solo deseaba que su árbol volviera a florecer, solo deseaba la oportunidad de que volvieran a creer.
Volvió a sentarse, a esperar, no había nada que hacer por lo hecho esta.
El árbol se compadeció de su semblante de tristeza, le regalo una amapola.
Pero no la vio, seguía esperando volver en el columpio, que su pequeña tormenta terminara.
Saturday, June 13, 2009
La soberbia de la espada
El viento quemaba su piel, aún insistía en exponerse a esas condiciones casi sin protección.
El yermo era implacable, pocos sobrevivían ahí, especialmente solos.
Tuvimos que contratarlo para llegar a la caravana de mi padre, para buscar a la mujer que debería desposar. Nunca me han dejado elegir, siempre a la sombra de hombre viejo y caprichoso que se hace llamar mi padre, porque jamás me ha dicho su nombre.
-Es hora de avanzar, los gusanos duermen-
-Sí- respondí automáticamente
Tomamos los camellos, me despedí de mi madre con un gesto de mano, quedaría atada a las tierras que mi padre encomendó a ella nunca más tendría derecho a verla.
Él ni siquiera volteo. Meses esperando este momento y nunca se relaciono con nadie, vivía en las caballerizas, sino estaba viendo el yermo, como buscando algo.
-¿A cuanto estamos de mi padre?-
-4 días, lo encontraremos en el Oasis-
-Tanto- replique
-Podemos cruzar por el lago fantasma ahorraríamos 2 días, pero nadie sale con vida de ahí- respondió en un tono seco
Calle y lo miré fijamente. Maldito y vulgar trotamundos como se atreve a tratarme así.
-No me mires con esos ojos, estoy obligado a llevarte, pero no estoy obligado aguantar tus berrinches- pareció sonreír al decir eso.
Quizás si huyera he hiciera mi vida como un desconocido, total siempre alguien te refregara su poder en la cara, nadie tiene respeto.
Cabalgamos hasta el amanecer sin decir ninguna palabra, yo lo seguía atentamente, aunque quería huir pero no podía hacerlo, entre los gusanos y las arañas no duraría ni dos horas a la deriva en ese mar de arena.
-Nos detendremos a descansar los animales necesitan alimentarse y necesitas dormir-
Me baje del camello, espere que montara la tienda. Entre y me quite mis ropas, descubrí mi rostro y mis brazos, me tendí en el piso. Pero no podía dormir.
-¿Por qué no te proteges?-
-¿Por qué no duermes?-
-No puedo, ahora respóndeme tú-
-¿Siempre eres tan intransigente?-
-A veces-
-Descansaré afuera, partiremos en dos horas-
Me preguntaba como será la mujer, espero que bella, no soportaría que fuera de otra forma. En ese divagar pude dormir.
Desperté en una hora exacta, el me vio y partimos, los animales habían recuperado fuerzas.
Cabalgamos por el infinito, el cielo tocaba la arena y la arena atrapaba el cielo. El sol era incandescente, parecía verter cierto odio en ese calor que nos secaba. Era un sol enamorado del mar, el mismo que nos había abandonado hace varios cientos de años, parece tanto tiempo que nadie esta seguro que existió o no, estamos en las puertas de la muerte de la realidad y el nacimiento del mito.
Cabalgamos hasta el anochecer. Esta vez si estaba exhausto.
-Descansaremos esta noche-
-Tengo hambre- saque de mi bolso unas tiras de carne seca y un poco de agua
-Provecho- el saco unas raíces y comenzó a chuparlas
El día siguiente corrimos más rápido que el anterior. No se si fue el calor o mi propia estupidez, pero en un delirio empecé a cabalgar en otra dirección en busca de mi libertad.
Solo basto una colina y unos minutos cabalgando a ciegas, ya estaba en manos del desierto, su arena y su sol.
Seguí cabalgando en busca de un camino, pero no pude encontrar nada. Nada. Ese desierto no tenía horizontes, se consumía a la distancia sin distinguir nada. Nada quedaba en esas arenas, la desesperación se apodero de mí y comencé a gritar, grave error.
-¡AUXILIO¡- otra vez pero más fuerte -¡AUUUXILIO¡- el piso comenzó a temblar apareció un gusano, caí del camello, que emprendió una retirada solitaria. Saque mi espada, me puse en posición para hacerle frente. Era insignificante ante inmenso insecto, pero no dure ni una embestida, cuando dejo caer su cuerpo y salí despedido por los aires. Pensé que era el fin, cuando apareció y se puso frente mío, miró al gusano y lo hizo retroceder. Mientras iba caminando el monstruo iba retrocediendo, cada paso que él daba, intimidaba a la gigantesca fiera. Finalmente emprendió la huída.
No me dijo nada, solo me miró y se subió a cu camello. Estaba emprendiendo la marcha.
-Detente, por favor detente- me puse a llorar- llévame con mi padre
Se detuvo y me miró más duramente que la primera vez
-¿Por qué huiste si sabía que ibas morir solo?-
-No lo sé- caí al piso y lloraba- supongo que el calor me saco de mí-
-Eso no pasa… DIME TU RAZÓN- en ese grito pareció que se detuvo el viento
-No quería asumir que soy una sombra, miserable sin don de mando, hijo de un mercader donde radica mi voluntad. No me respetan mis hermanos, ni mis padres, ni tú- chille
-No, huiste, por cobarde, eso se llama errar. Te equivocaste, esa la vida desde siempre, desde antes del mar, de antes de la conciencia. Errar es fácil, son solo momentos de poca lucidez y caes, pero solo caes cuando eres débil. Eso es lo importante, dime ¿harás que este error te haga más débil o más fuerte?-
Lo quede mirando con un sentimiento de admiración, con el deseo de superarlo. Sus ojos duros pero comprensivos, me hicieron entender que el había cometido errores, que no era diferente a mí, salvo que él se había hecho fuerte.
-Fuer…te- titubeé, baje la cabeza -FUERTE- le grite
-Bien, entonces vamos-
Cabalgamos sin parar hasta llegar al oasis. No me dijo nada, solo que esta vez lo sentía más cercano, sentí que estábamos unidos por una extraña razón.
Al llegar al campamento de mi padre.
-Gracias por todo-
-Es mi trabajo chico-
-Hasta pronto- me di media vuelta
-¿Sabes porque no me protejo?- me di la vuelta completa –Es que por un error yo perdí alguien muy preciado en el yermo, desde entonces soy uno con este terreno y no debo protegerme de mí… no podría levantarme de mi errores-
Sonrió y partió hacía las arenas.
Miré la carpa donde estaba mi padre, esta vez caminaba erguido y decidido, fuera lo que fuere, no debía asustarme ni intimidarme más que la solución misma.
-----------------------------------------------------
La fuerza de la metafora
Anhela la esperanza
El yermo era implacable, pocos sobrevivían ahí, especialmente solos.
Tuvimos que contratarlo para llegar a la caravana de mi padre, para buscar a la mujer que debería desposar. Nunca me han dejado elegir, siempre a la sombra de hombre viejo y caprichoso que se hace llamar mi padre, porque jamás me ha dicho su nombre.
-Es hora de avanzar, los gusanos duermen-
-Sí- respondí automáticamente
Tomamos los camellos, me despedí de mi madre con un gesto de mano, quedaría atada a las tierras que mi padre encomendó a ella nunca más tendría derecho a verla.
Él ni siquiera volteo. Meses esperando este momento y nunca se relaciono con nadie, vivía en las caballerizas, sino estaba viendo el yermo, como buscando algo.
-¿A cuanto estamos de mi padre?-
-4 días, lo encontraremos en el Oasis-
-Tanto- replique
-Podemos cruzar por el lago fantasma ahorraríamos 2 días, pero nadie sale con vida de ahí- respondió en un tono seco
Calle y lo miré fijamente. Maldito y vulgar trotamundos como se atreve a tratarme así.
-No me mires con esos ojos, estoy obligado a llevarte, pero no estoy obligado aguantar tus berrinches- pareció sonreír al decir eso.
Quizás si huyera he hiciera mi vida como un desconocido, total siempre alguien te refregara su poder en la cara, nadie tiene respeto.
Cabalgamos hasta el amanecer sin decir ninguna palabra, yo lo seguía atentamente, aunque quería huir pero no podía hacerlo, entre los gusanos y las arañas no duraría ni dos horas a la deriva en ese mar de arena.
-Nos detendremos a descansar los animales necesitan alimentarse y necesitas dormir-
Me baje del camello, espere que montara la tienda. Entre y me quite mis ropas, descubrí mi rostro y mis brazos, me tendí en el piso. Pero no podía dormir.
-¿Por qué no te proteges?-
-¿Por qué no duermes?-
-No puedo, ahora respóndeme tú-
-¿Siempre eres tan intransigente?-
-A veces-
-Descansaré afuera, partiremos en dos horas-
Me preguntaba como será la mujer, espero que bella, no soportaría que fuera de otra forma. En ese divagar pude dormir.
Desperté en una hora exacta, el me vio y partimos, los animales habían recuperado fuerzas.
Cabalgamos por el infinito, el cielo tocaba la arena y la arena atrapaba el cielo. El sol era incandescente, parecía verter cierto odio en ese calor que nos secaba. Era un sol enamorado del mar, el mismo que nos había abandonado hace varios cientos de años, parece tanto tiempo que nadie esta seguro que existió o no, estamos en las puertas de la muerte de la realidad y el nacimiento del mito.
Cabalgamos hasta el anochecer. Esta vez si estaba exhausto.
-Descansaremos esta noche-
-Tengo hambre- saque de mi bolso unas tiras de carne seca y un poco de agua
-Provecho- el saco unas raíces y comenzó a chuparlas
El día siguiente corrimos más rápido que el anterior. No se si fue el calor o mi propia estupidez, pero en un delirio empecé a cabalgar en otra dirección en busca de mi libertad.
Solo basto una colina y unos minutos cabalgando a ciegas, ya estaba en manos del desierto, su arena y su sol.
Seguí cabalgando en busca de un camino, pero no pude encontrar nada. Nada. Ese desierto no tenía horizontes, se consumía a la distancia sin distinguir nada. Nada quedaba en esas arenas, la desesperación se apodero de mí y comencé a gritar, grave error.
-¡AUXILIO¡- otra vez pero más fuerte -¡AUUUXILIO¡- el piso comenzó a temblar apareció un gusano, caí del camello, que emprendió una retirada solitaria. Saque mi espada, me puse en posición para hacerle frente. Era insignificante ante inmenso insecto, pero no dure ni una embestida, cuando dejo caer su cuerpo y salí despedido por los aires. Pensé que era el fin, cuando apareció y se puso frente mío, miró al gusano y lo hizo retroceder. Mientras iba caminando el monstruo iba retrocediendo, cada paso que él daba, intimidaba a la gigantesca fiera. Finalmente emprendió la huída.
No me dijo nada, solo me miró y se subió a cu camello. Estaba emprendiendo la marcha.
-Detente, por favor detente- me puse a llorar- llévame con mi padre
Se detuvo y me miró más duramente que la primera vez
-¿Por qué huiste si sabía que ibas morir solo?-
-No lo sé- caí al piso y lloraba- supongo que el calor me saco de mí-
-Eso no pasa… DIME TU RAZÓN- en ese grito pareció que se detuvo el viento
-No quería asumir que soy una sombra, miserable sin don de mando, hijo de un mercader donde radica mi voluntad. No me respetan mis hermanos, ni mis padres, ni tú- chille
-No, huiste, por cobarde, eso se llama errar. Te equivocaste, esa la vida desde siempre, desde antes del mar, de antes de la conciencia. Errar es fácil, son solo momentos de poca lucidez y caes, pero solo caes cuando eres débil. Eso es lo importante, dime ¿harás que este error te haga más débil o más fuerte?-
Lo quede mirando con un sentimiento de admiración, con el deseo de superarlo. Sus ojos duros pero comprensivos, me hicieron entender que el había cometido errores, que no era diferente a mí, salvo que él se había hecho fuerte.
-Fuer…te- titubeé, baje la cabeza -FUERTE- le grite
-Bien, entonces vamos-
Cabalgamos sin parar hasta llegar al oasis. No me dijo nada, solo que esta vez lo sentía más cercano, sentí que estábamos unidos por una extraña razón.
Al llegar al campamento de mi padre.
-Gracias por todo-
-Es mi trabajo chico-
-Hasta pronto- me di media vuelta
-¿Sabes porque no me protejo?- me di la vuelta completa –Es que por un error yo perdí alguien muy preciado en el yermo, desde entonces soy uno con este terreno y no debo protegerme de mí… no podría levantarme de mi errores-
Sonrió y partió hacía las arenas.
Miré la carpa donde estaba mi padre, esta vez caminaba erguido y decidido, fuera lo que fuere, no debía asustarme ni intimidarme más que la solución misma.
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La fuerza de la metafora
Anhela la esperanza
Friday, June 12, 2009
Ejecución del caos
Imaginemos por un segundo lo pequeño que es la punta de un alfiler, no digo el tramo donde da la punta, sino simplemente la punta. Ese fragmento que es lo suficientemente fino, como para abrir un poro. Ahora ese alfiler se encarna en una cuerda, que la corta, que libera una abeja, que vuela por una ventana y se sube a la cabina de un barco, pincha al timonero, desarrolla una reacción alérgica y no puede controlar el barco, desvía la ruta y atropella la última sirena del mar, así muere en el caos un ser que no existe.
Todo por la punta del alfiler, pero en realidad no, si pensamos bien tendremos a ver el resto de las cosas por ejemplo ¿Quién movió el alfiler? ¿Cómo una abeja estaba atada? ¿Por qué la abeja persiguió al barco en vez de una flor? ¿Cómo fue que el timonero era alérgico a la abeja? ¿Por qué la abeja se suicida picando al timonero? ¿Qué hacia una sirena tan a la superficie?
Es que cada vez que hacemos algo vamos poniendo un domino, cada gran cosa que hacemos tiene repercusiones como su tamaño y de esa forma se van estableciendo gigantescos hitos, que se van ordenando. Aunque cuando hacemos lo que debemos hacer, eso que para el cosmos le resulta lo más grato de ver, en esos casos no extendemos un domino, sino establecemos el cierre de las fichas de domino anteriores.
De esa forma caminamos a la sombra de estos hechos, cuando ya por fin podemos salir de ese manto extenso que nos cubre, pensamos en algo, pensando que nuestros antiguos errores no nos darán caza a donde estamos. Pero cuan equivocado estamos, ese acto desencadena la caída de todas las fichas de domino, caen una tras otra, sin poder impedirlo, como si ese último acto viajara al primer acto que se ejecuto, desencadena todo. Todo por un instante se siente vinculado, por un momento todo tiene sentido y uno observa impotente sin poder hacer nada.
Un niño ata una abeja, porque su padre desapareció en el mar. El niño la libera para que lo vaya a buscar a su padre, la abeja es atraída por el aroma de un oficial de un barco de carga. Se esconde en la cabina del timón. El timonero la confunde con una mosca y trata de matarla y falla, la abeja lo pica en la mano, el marino ignora que su padre era alérgico a las abejas y ese día lo descubre. Antes de caer al piso, el marinero cambia de rumbo. Una sirena sale a la superficie, después de haber dejado a un viejo marinero en el fondo del mar, que envidio por tener un hijo y una mujer que lo amara. En la superficie la sirena sonrió por que ningún hombre sabía como dañarla, aun este viejo marinero quiso resistirse, pero se siento embriagado por su dulce voz. En esa soberbia la sirena no percata la llegada de un gigante de hierro que la aplasta sin piedad.
La sirena levanto una ficha de domino y huyo de ella y con su soberbia volvió a su primer acto de envidia, el primero de su vida hace cientos años, donde los mares aún eran jóvenes, sintió envidia de los hombres por caminar. Solo de envidia atacaba a los hombres lanzándoles panales de abejas. Años más tarde aprendió a cantar y de vez en cuando traía un hombre para dejarlo en el fondo del mar.
Esas fueron sus fichas, en cambio un niño, en inocencia quiso encontrar a su padre, misión que se la encargo a un heraldo, que no tenía idea de la misión a ejecutar. Pero el niño obro así porque lo sintió, se libero de su pena, el genero el fin de un circulo que no tenía idea.
El caos no es que un acto repercuta al infinito en otros; sino que reúne circunstancias inconexas las ejecuta como una sola.
---------------------------------------------------
Asumiendo y esperando
volviendo a gritar al vacio cibernetico
Todo por la punta del alfiler, pero en realidad no, si pensamos bien tendremos a ver el resto de las cosas por ejemplo ¿Quién movió el alfiler? ¿Cómo una abeja estaba atada? ¿Por qué la abeja persiguió al barco en vez de una flor? ¿Cómo fue que el timonero era alérgico a la abeja? ¿Por qué la abeja se suicida picando al timonero? ¿Qué hacia una sirena tan a la superficie?
Es que cada vez que hacemos algo vamos poniendo un domino, cada gran cosa que hacemos tiene repercusiones como su tamaño y de esa forma se van estableciendo gigantescos hitos, que se van ordenando. Aunque cuando hacemos lo que debemos hacer, eso que para el cosmos le resulta lo más grato de ver, en esos casos no extendemos un domino, sino establecemos el cierre de las fichas de domino anteriores.
De esa forma caminamos a la sombra de estos hechos, cuando ya por fin podemos salir de ese manto extenso que nos cubre, pensamos en algo, pensando que nuestros antiguos errores no nos darán caza a donde estamos. Pero cuan equivocado estamos, ese acto desencadena la caída de todas las fichas de domino, caen una tras otra, sin poder impedirlo, como si ese último acto viajara al primer acto que se ejecuto, desencadena todo. Todo por un instante se siente vinculado, por un momento todo tiene sentido y uno observa impotente sin poder hacer nada.
Un niño ata una abeja, porque su padre desapareció en el mar. El niño la libera para que lo vaya a buscar a su padre, la abeja es atraída por el aroma de un oficial de un barco de carga. Se esconde en la cabina del timón. El timonero la confunde con una mosca y trata de matarla y falla, la abeja lo pica en la mano, el marino ignora que su padre era alérgico a las abejas y ese día lo descubre. Antes de caer al piso, el marinero cambia de rumbo. Una sirena sale a la superficie, después de haber dejado a un viejo marinero en el fondo del mar, que envidio por tener un hijo y una mujer que lo amara. En la superficie la sirena sonrió por que ningún hombre sabía como dañarla, aun este viejo marinero quiso resistirse, pero se siento embriagado por su dulce voz. En esa soberbia la sirena no percata la llegada de un gigante de hierro que la aplasta sin piedad.
La sirena levanto una ficha de domino y huyo de ella y con su soberbia volvió a su primer acto de envidia, el primero de su vida hace cientos años, donde los mares aún eran jóvenes, sintió envidia de los hombres por caminar. Solo de envidia atacaba a los hombres lanzándoles panales de abejas. Años más tarde aprendió a cantar y de vez en cuando traía un hombre para dejarlo en el fondo del mar.
Esas fueron sus fichas, en cambio un niño, en inocencia quiso encontrar a su padre, misión que se la encargo a un heraldo, que no tenía idea de la misión a ejecutar. Pero el niño obro así porque lo sintió, se libero de su pena, el genero el fin de un circulo que no tenía idea.
El caos no es que un acto repercuta al infinito en otros; sino que reúne circunstancias inconexas las ejecuta como una sola.
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Asumiendo y esperando
volviendo a gritar al vacio cibernetico
Tuesday, June 02, 2009
El valor del atardecer
-Hace tiempo que no te escuchaba hablar así- le dijo mientras sonreía
-Quizás hace tiempo que no me sentía así- se dejo caer en la silla -¿quieres ir a tomar algo?
-No veo porque no-
-Toma la plata, te espero- esbozo una sonrisa enorme
-No… hueón barsa-
-Bueno bueno… te acompaño, así no se reciben las visitas-
Salieron, hablaban de trivialidades, que son las cosas realmente importantes de la vida. Que importa en realidad si Dios existe o no; es mucho menos relevante entender el funcionamiento del universo que no comprender a la persona que tenemos al lado. Es ridículo como los legalistas normativizan el accionar humano, siendo que este es ilimitado y complejo, no debemos generar un cubo de accionar sino una luz a seguir, esperanza.
Es más importante para este par de amigos, saber que siente el uno y el otro, para apoyarlo y cuidarlo.
Llegaron a la botellería, compraron unas cervezas. Pasaron dos pares de piernas espectaculares y unos chiflidos de la construcción los seguían.
-¿Estas seguro?-
-Nunca lo estoy, pero si esperara estarlo, jamás haría nada-
-Eso es cierto… toma acá esta el vuelto- le estiro la mano con unas monedas
-Vale, cabro- las guardo en el bolsillo -¿Y tu que harás?-
-No lo se, estoy bien como estoy-
-¿Acosado?-
-Jajajaja, no si nunca tanto-
-Pero bueno, ¿feliz?-
-Sí, y tú-
-Sí y mucho, no es tan solo por haberme topado con ellas, sino que también he sentido que de ha poco he renacido. Me desespera a veces la falta de fuerza, pero el hecho de volver a ser un niño, significa eso… volver a ser vulnerable y carecer de voluntad-
-Realmente me alegra escucharlo- se rasco la barbilla y le pregunto -¿enamorado?
-No por primera vez, ni por última. Pero sigue siendo mi único amor, que nace por un noble corazón-
-No sabes cuanto me desesperas cuando hace rimas, a veces no te entiendo-
-Sí, estoy feliz y enamorado… es casi como quedar fuera de combate por una pelea-
-No has peleado tanto como para hacer ese tipo de comparación-
-Ya para-
-Vale vale-
Unas cervezas más tarde ya no tenían ni ganas de hablar, se limitaban a recordar cosas y reír.
Imaginar que dos personas tan diferentes sean tan afines por circunstancias disímiles, aunque suene complicado es la diferencia de perspectivas que los une. Es hora que se entienda que aunque diferentes, esperan con fe que el otro este bien. Quizás no es mucho lo que se pueda hacer día a día, pero unas cervezas y un poco de camaradería vale la pena para esperar con un poco más reluciente el siguiente amanecer.
-Quizás hace tiempo que no me sentía así- se dejo caer en la silla -¿quieres ir a tomar algo?
-No veo porque no-
-Toma la plata, te espero- esbozo una sonrisa enorme
-No… hueón barsa-
-Bueno bueno… te acompaño, así no se reciben las visitas-
Salieron, hablaban de trivialidades, que son las cosas realmente importantes de la vida. Que importa en realidad si Dios existe o no; es mucho menos relevante entender el funcionamiento del universo que no comprender a la persona que tenemos al lado. Es ridículo como los legalistas normativizan el accionar humano, siendo que este es ilimitado y complejo, no debemos generar un cubo de accionar sino una luz a seguir, esperanza.
Es más importante para este par de amigos, saber que siente el uno y el otro, para apoyarlo y cuidarlo.
Llegaron a la botellería, compraron unas cervezas. Pasaron dos pares de piernas espectaculares y unos chiflidos de la construcción los seguían.
-¿Estas seguro?-
-Nunca lo estoy, pero si esperara estarlo, jamás haría nada-
-Eso es cierto… toma acá esta el vuelto- le estiro la mano con unas monedas
-Vale, cabro- las guardo en el bolsillo -¿Y tu que harás?-
-No lo se, estoy bien como estoy-
-¿Acosado?-
-Jajajaja, no si nunca tanto-
-Pero bueno, ¿feliz?-
-Sí, y tú-
-Sí y mucho, no es tan solo por haberme topado con ellas, sino que también he sentido que de ha poco he renacido. Me desespera a veces la falta de fuerza, pero el hecho de volver a ser un niño, significa eso… volver a ser vulnerable y carecer de voluntad-
-Realmente me alegra escucharlo- se rasco la barbilla y le pregunto -¿enamorado?
-No por primera vez, ni por última. Pero sigue siendo mi único amor, que nace por un noble corazón-
-No sabes cuanto me desesperas cuando hace rimas, a veces no te entiendo-
-Sí, estoy feliz y enamorado… es casi como quedar fuera de combate por una pelea-
-No has peleado tanto como para hacer ese tipo de comparación-
-Ya para-
-Vale vale-
Unas cervezas más tarde ya no tenían ni ganas de hablar, se limitaban a recordar cosas y reír.
Imaginar que dos personas tan diferentes sean tan afines por circunstancias disímiles, aunque suene complicado es la diferencia de perspectivas que los une. Es hora que se entienda que aunque diferentes, esperan con fe que el otro este bien. Quizás no es mucho lo que se pueda hacer día a día, pero unas cervezas y un poco de camaradería vale la pena para esperar con un poco más reluciente el siguiente amanecer.
Sunday, May 31, 2009
El partir
Caminaba con su cabeza enterrada en su bufanda, sus lentes se empañaban con su aliento. El frío trataba de penetrar su abrigo negro, pero algo esa noche no dejaba que nada lo tocara.
Siguió caminando, viendo como la densidad de las luces de la calle iban disminuyendo, de pronto vio como el cielo golpeaba la tierra; su luna cantaba muda y sus estrellas eran notas de un piano deprimido.
Aunque el espectáculo disminuyo su ritmo al caminar, no pudo frenar ni un poco su etéreo palpitar. “Los corazones nunca sanan, siempre son convalecientes de una vieja historia” le decían, jamás presto atención a eso hasta que dejo de ser un niño, quedo en la ambigüedad de un ser incompleto, suficientemente viejo para no ser un niño y demasiado joven para ser un adulto.
Aunque no quería detenerse su cuerpo le pedía que lo hiciera, llevaba caminando casi tres días, no había comido ni bebido y su biológica le exigía la preservación, pero nada puede cuando se corta el lazo entre el alma, la mente y el cuerpo. Esa sed que nace en el alma, se anida en la mente y se olvida del cuerpo.
Seguía caminando, quería una respuesta o algo que lo detuviera. Ni familia, ni los amores y ni nada, parecía recuperarlo. Sus odios solo escuchaban un zumbido, estática o vació, nunca se esta seguro si es lo uno o lo otro; total de la mano se encuentran los absolutos.
Aún seguía caminando, entre los edificios abandonados emprendían el vuelo las golondrinas y de los árboles brotaban arañas, que parecían sombras vivas en las calles. Pero si habría estado conciente el terror por esos bichos lo hubiera detenido.
Seguía caminando, nada de este mundo parecía tener el poder de detenerlo. Ni el miedo, ni el vació, ni la lógica, ni la hermosura del cosmos.
Seguía caminando y escucho algo quebrarse, por primera vez en esos días levanto la cabeza. Al salir de su bufanda, se detuvo y sintió un aire fresco acariciar su rostro
En un hospital físico, en un mundo real, alguien estaba abriendo los ojos y sentía que había caminado tres días desde la muerte de su mejor amigo. Giró su cabeza, observo unos cristales en el piso y vio rota la ventana de la habitación
Siguió caminando, viendo como la densidad de las luces de la calle iban disminuyendo, de pronto vio como el cielo golpeaba la tierra; su luna cantaba muda y sus estrellas eran notas de un piano deprimido.
Aunque el espectáculo disminuyo su ritmo al caminar, no pudo frenar ni un poco su etéreo palpitar. “Los corazones nunca sanan, siempre son convalecientes de una vieja historia” le decían, jamás presto atención a eso hasta que dejo de ser un niño, quedo en la ambigüedad de un ser incompleto, suficientemente viejo para no ser un niño y demasiado joven para ser un adulto.
Aunque no quería detenerse su cuerpo le pedía que lo hiciera, llevaba caminando casi tres días, no había comido ni bebido y su biológica le exigía la preservación, pero nada puede cuando se corta el lazo entre el alma, la mente y el cuerpo. Esa sed que nace en el alma, se anida en la mente y se olvida del cuerpo.
Seguía caminando, quería una respuesta o algo que lo detuviera. Ni familia, ni los amores y ni nada, parecía recuperarlo. Sus odios solo escuchaban un zumbido, estática o vació, nunca se esta seguro si es lo uno o lo otro; total de la mano se encuentran los absolutos.
Aún seguía caminando, entre los edificios abandonados emprendían el vuelo las golondrinas y de los árboles brotaban arañas, que parecían sombras vivas en las calles. Pero si habría estado conciente el terror por esos bichos lo hubiera detenido.
Seguía caminando, nada de este mundo parecía tener el poder de detenerlo. Ni el miedo, ni el vació, ni la lógica, ni la hermosura del cosmos.
Seguía caminando y escucho algo quebrarse, por primera vez en esos días levanto la cabeza. Al salir de su bufanda, se detuvo y sintió un aire fresco acariciar su rostro
En un hospital físico, en un mundo real, alguien estaba abriendo los ojos y sentía que había caminado tres días desde la muerte de su mejor amigo. Giró su cabeza, observo unos cristales en el piso y vio rota la ventana de la habitación
Thursday, May 28, 2009
Despues de un año
Los fantasmas no son más que lunares del tiempo, cicatrices de nuestra historia. La vida parece ser la tinta con la consagramos un fragmento de tiempo en el texto de los demás.
Pero que más da hacer esto si finalmente es tanto odio y caos que recaer sobre la historia de nuestro Leviatán, todo lo que hacemos es para destruirnos unos a los otros, buscar el concilio de propósitos y voluntades no parece ser tan utópico, porqué las manos de quien quiere borrar la realidad han sido distanciadas del telar que se teje día a día.
Siento que debemos levantar un monumento no a la violencia sino a la convicción, a los hombres y mujeres que no dejaron que las muertes los consumieran, recordar con respeto y valor a quienes creyeron y murieron por su causa. Pero sin ensordecernos y creer que ese es el medio, ellos nos enseñaron que no lo es, los macabros genocidios son un tumor que tenemos que tratar (claro esta que realizar una quimioterapia con la bomba H, no nos curara).
Por eso escribo, porque quiero ayudar a colaborar con eso, quiero creer que la sinceridad y el valor nos pueden conducir a una mejor comunidad; no me interesa responder sobre la vida y la muerte, en realidad solo quiero que mi estancia en esta vida sea lo más integral posible. No quiero dejar ir nada que me ha tocado, aunque eso signifique darse vuelta en la cama y abrazar a la locura de vez en cuando, no quiero dejar ir mi primer recuerdo, ni mi vació, ni mis amores, ni mis muertos y mis no muertos.
Hace un año aproximadamente partió la mujer que creía fielmente en eso, me enseño a encarar mis problemas, me dio el valor de seguir, me enseño humildad, me mostró su odio y finalmente me enseño amar incondicionalmente. Aunque me esfuerce ya no puedo escuchar su corazón, ni puedo entender las palabras que me han quedado en lo más distante de mi cabeza, me cuesta recordarla como era y más aún me cuesta olvidarla.
Como luchar contra fantasmas no es lo mió, y creo que nunca lo será, quiero rendirle homenaje de la formar más grande que conozco, quiero construir y enseñar lo que me dejo. Quiero más que eso… quiero creer en lo que ella creía.
Quizás los fantasmas nos dejaran de doler solo cuando podamos volver a encender la tenue luz de sus vidas, tal vez de esa forma podamos seguir el que camino que suele ensombrecer por los miedos irracionales de nuestros ídolos de pies de barro.
Pero que más da hacer esto si finalmente es tanto odio y caos que recaer sobre la historia de nuestro Leviatán, todo lo que hacemos es para destruirnos unos a los otros, buscar el concilio de propósitos y voluntades no parece ser tan utópico, porqué las manos de quien quiere borrar la realidad han sido distanciadas del telar que se teje día a día.
Siento que debemos levantar un monumento no a la violencia sino a la convicción, a los hombres y mujeres que no dejaron que las muertes los consumieran, recordar con respeto y valor a quienes creyeron y murieron por su causa. Pero sin ensordecernos y creer que ese es el medio, ellos nos enseñaron que no lo es, los macabros genocidios son un tumor que tenemos que tratar (claro esta que realizar una quimioterapia con la bomba H, no nos curara).
Por eso escribo, porque quiero ayudar a colaborar con eso, quiero creer que la sinceridad y el valor nos pueden conducir a una mejor comunidad; no me interesa responder sobre la vida y la muerte, en realidad solo quiero que mi estancia en esta vida sea lo más integral posible. No quiero dejar ir nada que me ha tocado, aunque eso signifique darse vuelta en la cama y abrazar a la locura de vez en cuando, no quiero dejar ir mi primer recuerdo, ni mi vació, ni mis amores, ni mis muertos y mis no muertos.
Hace un año aproximadamente partió la mujer que creía fielmente en eso, me enseño a encarar mis problemas, me dio el valor de seguir, me enseño humildad, me mostró su odio y finalmente me enseño amar incondicionalmente. Aunque me esfuerce ya no puedo escuchar su corazón, ni puedo entender las palabras que me han quedado en lo más distante de mi cabeza, me cuesta recordarla como era y más aún me cuesta olvidarla.
Como luchar contra fantasmas no es lo mió, y creo que nunca lo será, quiero rendirle homenaje de la formar más grande que conozco, quiero construir y enseñar lo que me dejo. Quiero más que eso… quiero creer en lo que ella creía.
Quizás los fantasmas nos dejaran de doler solo cuando podamos volver a encender la tenue luz de sus vidas, tal vez de esa forma podamos seguir el que camino que suele ensombrecer por los miedos irracionales de nuestros ídolos de pies de barro.
Thursday, April 16, 2009
El huevo
A mi casa se les descascaran las murallas, por más que trate de estucarla y pintarla, siempre se le termina saliendo.
Traje expertos a que la revisaran, pero nadie entendía bien lo que le pasaba. Se humedecía tanto, pero aún así era calida. Las cuentas del agua no subían, así que no era una fuga…
-Esta casa le había pertenecido a mi familia más de 6 generaciones, era muy grande, aunque gran parte del espacio esta vacío. Me gustaba estar acá me sentía acogido y resguardado, recordaba a mi madre y sus abrazos. A mis hermanos pequeños y sus eternas risas. Que tiempos me decía siempre, que tiempos- le sonrió -¿lo estoy aburriendo?-
-No- me queda mirando- ¿pero me explicaras como sucedió esto?-
-Claro, no se si las cosas son normales, pero nos basamos por generalidades. Aquí murió mi abuela, es una gran mujer- él miraba tratando de interrogarme sobre el asunto, pero estaba contento, así que me daba mis tiempos –Bueno, sabe no quiero el seguro, pero si quiero que me escuché ¿le parece el trato?- con una mueca de confusión asintió.
Caminamos donde debería estar la cocina.
-Aquí yo ayudaba a mi mamá a cocinar… bien, bien no era precisamente ayudar, solo la acompañaba, de hecho los recuerdos son confusos, siempre tenía que combatir el sueño-
Seguimos caminando hasta el patio
-Cuando era niño aquí había un parrón. No sé porque pero me fascina ver las uvas, como nacen de esas hojas y se dan tan dulces- apunte con el dedo un espacio vacío- ahí donde estaba mi dormitorio, me gustaba porque tenía una ventana que coqueteaba con la luna. Al lado estaba el dormitorio de mi mamá, no sabe cuanto extraño tenerla cerca, aún para fastidiarme un poco. Si no me equivoco hay comenzó. La humedad empezó a envolver la casa, las maderas rechinaban en las noches y de día las puertas se atoraban. En vez de ser una situación escalofriante, fue más bien curioso, le daba vida a la casa. Como si ella quisiera recordar toda la vida que tuvo dentro, sentía como ella recordaba. Muchas veces durante las últimas semanas pude escuchar risas, voces y cosas quebrándose.
De a poco me empecé a sentir como un recuerdo, más bien como un pensamiento.
Fue un día que volvía de comprar pan, que vi como el techo se abría. Por un extraña razón no me extraño, entre me prepare la once. Esa noche los vi a todos otra vez, cada niño que cruzó corriendo las escaleras, todas las madres que los cuidaban, los padres que observaban silenciosos. Yo seguía sin tener miedo. Fue como sentir cien años en un segundo, que duro algunas horas. Lloré y mucho, me sentí viejo, pero con ganas de vivir. Quizás fue ver todo, tener un último recuerdo y saber que eso era.
Esa noche la humedad se detuvo, el calor se empezó a desvanecer, pero se sentía más cómodo que la situación anterior, no sé porqué en realidad.
Pasaron unos días, empaque mis cosas e iba arrendar la casa, pero cuando salí se cerraron todas las ventanas y la casa se partió en dos, su fachada cayó como ceniza, lo que había dentro se transformo en una especie de Golem que me sonrió. Se fue caminando sobre una escalera imaginaria hacia las nubes-
La cara de ese hombre era la de alguien que iba a llamar al manicomio. Pero cuando terminamos de caminar, le indique el piso, en forma de una huella estaba empezando a crecer una parra.
Traje expertos a que la revisaran, pero nadie entendía bien lo que le pasaba. Se humedecía tanto, pero aún así era calida. Las cuentas del agua no subían, así que no era una fuga…
-Esta casa le había pertenecido a mi familia más de 6 generaciones, era muy grande, aunque gran parte del espacio esta vacío. Me gustaba estar acá me sentía acogido y resguardado, recordaba a mi madre y sus abrazos. A mis hermanos pequeños y sus eternas risas. Que tiempos me decía siempre, que tiempos- le sonrió -¿lo estoy aburriendo?-
-No- me queda mirando- ¿pero me explicaras como sucedió esto?-
-Claro, no se si las cosas son normales, pero nos basamos por generalidades. Aquí murió mi abuela, es una gran mujer- él miraba tratando de interrogarme sobre el asunto, pero estaba contento, así que me daba mis tiempos –Bueno, sabe no quiero el seguro, pero si quiero que me escuché ¿le parece el trato?- con una mueca de confusión asintió.
Caminamos donde debería estar la cocina.
-Aquí yo ayudaba a mi mamá a cocinar… bien, bien no era precisamente ayudar, solo la acompañaba, de hecho los recuerdos son confusos, siempre tenía que combatir el sueño-
Seguimos caminando hasta el patio
-Cuando era niño aquí había un parrón. No sé porque pero me fascina ver las uvas, como nacen de esas hojas y se dan tan dulces- apunte con el dedo un espacio vacío- ahí donde estaba mi dormitorio, me gustaba porque tenía una ventana que coqueteaba con la luna. Al lado estaba el dormitorio de mi mamá, no sabe cuanto extraño tenerla cerca, aún para fastidiarme un poco. Si no me equivoco hay comenzó. La humedad empezó a envolver la casa, las maderas rechinaban en las noches y de día las puertas se atoraban. En vez de ser una situación escalofriante, fue más bien curioso, le daba vida a la casa. Como si ella quisiera recordar toda la vida que tuvo dentro, sentía como ella recordaba. Muchas veces durante las últimas semanas pude escuchar risas, voces y cosas quebrándose.
De a poco me empecé a sentir como un recuerdo, más bien como un pensamiento.
Fue un día que volvía de comprar pan, que vi como el techo se abría. Por un extraña razón no me extraño, entre me prepare la once. Esa noche los vi a todos otra vez, cada niño que cruzó corriendo las escaleras, todas las madres que los cuidaban, los padres que observaban silenciosos. Yo seguía sin tener miedo. Fue como sentir cien años en un segundo, que duro algunas horas. Lloré y mucho, me sentí viejo, pero con ganas de vivir. Quizás fue ver todo, tener un último recuerdo y saber que eso era.
Esa noche la humedad se detuvo, el calor se empezó a desvanecer, pero se sentía más cómodo que la situación anterior, no sé porqué en realidad.
Pasaron unos días, empaque mis cosas e iba arrendar la casa, pero cuando salí se cerraron todas las ventanas y la casa se partió en dos, su fachada cayó como ceniza, lo que había dentro se transformo en una especie de Golem que me sonrió. Se fue caminando sobre una escalera imaginaria hacia las nubes-
La cara de ese hombre era la de alguien que iba a llamar al manicomio. Pero cuando terminamos de caminar, le indique el piso, en forma de una huella estaba empezando a crecer una parra.
Wednesday, March 11, 2009
Pecar de inocente
Caminaba hacia donde tenía que tomar la micro. Iba pensando en sus tareas (carrera, trabajo, amigos y alguna que otra cosa)
Sí le mirabas los ojos con atención veías siempre un tejo de insatisfacción y una luz de desconfianza, que siempre le servía de arma ante situaciones complicadas.
Aún así, camina sin prestar atención a nadie, a dejar que todo fuera como tuviera que ser, resignarse con lo que cada uno le tocaba.
Llego a la esquina y dobló a la izquierda, no pudo evitar fijar la mirada en unas piernas interminables y una mini diminuta, su mirada subió hasta unos pechos bien formados y duros, continúo hasta la garganta, donde no pudo evitar el asco al notar la manzana tan crecida y bien formada. Hizo una mueca de rechazó que fue respondida con una insinuación de la jovencita que lo hizo retroceder unos pasos y sin querer golpeó a un niño que estaba en el piso. Lloraba amargamente, con un respiro entrecortado, que más que pena tenía miedo… ese llanto solo podía significar eso… miedo.
Trató de ignorar la escena, pero el llanto lo llamaba, era como si le amarrara los pies. Trato de huir, pero un poco de responsabilidad y morbo lo empujaban.
Toco su hombro:
-¿Estas bien?- preguntaba mientras se sacaba los audífonos de los oídos
-No- respondió tratando de tragarse el llanto –no, no estoy bien- dijo finalmente
-¿Qué pasa?-
-Es que yo vendó bebidas en la calle, los pacos me quitaron las cosas- el llanto parece que iba explotar, pero aguanto –mi papá me va sacar la mierda-
El niño volvía a llorar, pero la única imagen que cruzaba su cabeza era la de un hombre levantando a esa pequeña figura a golpes. No sabía que exactamente responder:
-¿Te gusta vivir así?- así que solo cometió el error
-No, pero mis hermanos… sino es a mí, es a mis hermanos- sintió algo raro en esa mirada, que seco por un momento sus lagrimas.
Volvió a guardar silencio, esta vez pensó un poco más en la situación, se dio cuenta que no sabía que hacer. Normalmente estaba disconforme y en desacuerdo con todo, pero no daba soluciones, ahora que tenía la oportunidad de hacer algo no sabía que hacer.
-Toma- le dijo al niño, mientras tomaba todo el dinero de su billetera y se lo pasaba
-Gracias- le respondió apretando el billete de cinco mil pesos.
El niño se quedo tirado recuperando la compostura.
El muchacho tomó su billetera y la guardo en su bolsillo, mientras caminaba lo más rápido que podía. En su cabeza solo había una idea “que ese niño me haya mentido”.
Sí le mirabas los ojos con atención veías siempre un tejo de insatisfacción y una luz de desconfianza, que siempre le servía de arma ante situaciones complicadas.
Aún así, camina sin prestar atención a nadie, a dejar que todo fuera como tuviera que ser, resignarse con lo que cada uno le tocaba.
Llego a la esquina y dobló a la izquierda, no pudo evitar fijar la mirada en unas piernas interminables y una mini diminuta, su mirada subió hasta unos pechos bien formados y duros, continúo hasta la garganta, donde no pudo evitar el asco al notar la manzana tan crecida y bien formada. Hizo una mueca de rechazó que fue respondida con una insinuación de la jovencita que lo hizo retroceder unos pasos y sin querer golpeó a un niño que estaba en el piso. Lloraba amargamente, con un respiro entrecortado, que más que pena tenía miedo… ese llanto solo podía significar eso… miedo.
Trató de ignorar la escena, pero el llanto lo llamaba, era como si le amarrara los pies. Trato de huir, pero un poco de responsabilidad y morbo lo empujaban.
Toco su hombro:
-¿Estas bien?- preguntaba mientras se sacaba los audífonos de los oídos
-No- respondió tratando de tragarse el llanto –no, no estoy bien- dijo finalmente
-¿Qué pasa?-
-Es que yo vendó bebidas en la calle, los pacos me quitaron las cosas- el llanto parece que iba explotar, pero aguanto –mi papá me va sacar la mierda-
El niño volvía a llorar, pero la única imagen que cruzaba su cabeza era la de un hombre levantando a esa pequeña figura a golpes. No sabía que exactamente responder:
-¿Te gusta vivir así?- así que solo cometió el error
-No, pero mis hermanos… sino es a mí, es a mis hermanos- sintió algo raro en esa mirada, que seco por un momento sus lagrimas.
Volvió a guardar silencio, esta vez pensó un poco más en la situación, se dio cuenta que no sabía que hacer. Normalmente estaba disconforme y en desacuerdo con todo, pero no daba soluciones, ahora que tenía la oportunidad de hacer algo no sabía que hacer.
-Toma- le dijo al niño, mientras tomaba todo el dinero de su billetera y se lo pasaba
-Gracias- le respondió apretando el billete de cinco mil pesos.
El niño se quedo tirado recuperando la compostura.
El muchacho tomó su billetera y la guardo en su bolsillo, mientras caminaba lo más rápido que podía. En su cabeza solo había una idea “que ese niño me haya mentido”.
Tuesday, December 16, 2008
La caida
Estaba sentado mirando por su ventana, una luna algo tristona pero entera. Se recostaba a cada cierto tiempo en el respaldo de su sofá y suspiraba, dejaba escapar su imaginación casi extinta.
En el reflejo de su cara en el vidrio, se vio hace miles de años, casi como un mono, pero no era eso exactamente. Se sintió joven y alegre. Desde un árbol podía ver como todo era parte del mundo, como aquel árbol engendraba vida en el mundo.
Cientos de miles como él jugaban en sus ramas, que se internaban en todo el cosmos, abrazaban las estrellas hasta ahogarlas; nada tendría sentido si se ven con los ojos de los hombres actuales, pero aquellos tiernos animales solo disfrutaban poder poseer la luz entre sus manos.
Se levantó de su asiento, se toco la cabeza y sus ojos se inundaron en una tristeza tan pálida como la luna. Bebió algún alcohol envejecido por los años de su desván, volvió a la ventana y las nubes que se movían por el cielo, le recordaron las gigantescas hojas donde solía dormir. A pesar que cada recuerdo era tan real y puro, no podía evitar echarse al cuerpo algún psicotrópico para adormecerse, volver al mundo del presente.
Pero siempre en las noches de luna llena, podía recordar como termino todo. Aquel árbol no tuvo edad, siempre había estado, pero un día se subieron a él otros animales, más espectrales que reales, que empezaron alimentarse de las raíces del árbol.
Los animalitos que vivían en ese árbol empezaron a ver como palidecían sus hojas, como sus enormes ramas comenzaron caer y ya lo alcanzaban las estrellas. De pronto el árbol había reducido su tamaño al de un montaña, pasaron otros cientos de años su tamaño no era mayor al de un cerro.
Los animales que disfrutaban de él, lo abandonaron, algunos emprendieron el vuelo otros volvieron al mar y algunos se fueron gateando. Salvo unos pequeños monos, que luchaban por mantenerle en vida, durante décadas buscaron la forma de detener el avance de esos seres pero no podían hacer nada.
Así avanzo hasta el último día del árbol, este para recompensar a los monitos, les dejo su último fruto y con eso se desencadeno una ráfaga de pensamientos vagos e inmateriales, de pronto los monos se vieron en miles de tiempos diferentes, consumidos solo con un yo actual.
Se volvió a recostar en su sofá, recordó a su familia a su madre e hijos. Seguía bebiendo para tratar de olvidar su locura que lo asfixia en estos tiempos de razón, tenía un nombre, como había tenido miles. Las madres e hijos, a cada uno lo amaba y lo recordaba con cariño.
Todo le decía que no había nada de razón o lógica en sus recuerdos, pero el sabía que eran reales, cada vez que se emborrachaba era como volver a ese fatídico día donde el sol rojo bajo hasta la tierra enfurecido y encerró a quienes habían eliminado al árbol, encerrándolo en la luna.
Una vez que la tierra volvió a quedar solo por las alimañas que vivieron en el árbol, el ciclo empezó a girar.
Miraba su vaso, no podía dejar de sentirse tan cuerdo como siempre, pero sabía que ya había echado raíces muy en el fondo de su locura o la verdad, aunque se engañaba sabía que algún día caería victima de ella y volvería a su madre original, a su árbol y sus estrellas.
-----------------------------------------------------------
Cuesta huir de uno, cuando tienes exito, solo vuelves a caminar hacia a ti.
"Olvidando, serás libre y apenado. Construyendo, comprenderas el caos. Estando loco, todo volverá a tener sentido"
adios
En el reflejo de su cara en el vidrio, se vio hace miles de años, casi como un mono, pero no era eso exactamente. Se sintió joven y alegre. Desde un árbol podía ver como todo era parte del mundo, como aquel árbol engendraba vida en el mundo.
Cientos de miles como él jugaban en sus ramas, que se internaban en todo el cosmos, abrazaban las estrellas hasta ahogarlas; nada tendría sentido si se ven con los ojos de los hombres actuales, pero aquellos tiernos animales solo disfrutaban poder poseer la luz entre sus manos.
Se levantó de su asiento, se toco la cabeza y sus ojos se inundaron en una tristeza tan pálida como la luna. Bebió algún alcohol envejecido por los años de su desván, volvió a la ventana y las nubes que se movían por el cielo, le recordaron las gigantescas hojas donde solía dormir. A pesar que cada recuerdo era tan real y puro, no podía evitar echarse al cuerpo algún psicotrópico para adormecerse, volver al mundo del presente.
Pero siempre en las noches de luna llena, podía recordar como termino todo. Aquel árbol no tuvo edad, siempre había estado, pero un día se subieron a él otros animales, más espectrales que reales, que empezaron alimentarse de las raíces del árbol.
Los animalitos que vivían en ese árbol empezaron a ver como palidecían sus hojas, como sus enormes ramas comenzaron caer y ya lo alcanzaban las estrellas. De pronto el árbol había reducido su tamaño al de un montaña, pasaron otros cientos de años su tamaño no era mayor al de un cerro.
Los animales que disfrutaban de él, lo abandonaron, algunos emprendieron el vuelo otros volvieron al mar y algunos se fueron gateando. Salvo unos pequeños monos, que luchaban por mantenerle en vida, durante décadas buscaron la forma de detener el avance de esos seres pero no podían hacer nada.
Así avanzo hasta el último día del árbol, este para recompensar a los monitos, les dejo su último fruto y con eso se desencadeno una ráfaga de pensamientos vagos e inmateriales, de pronto los monos se vieron en miles de tiempos diferentes, consumidos solo con un yo actual.
Se volvió a recostar en su sofá, recordó a su familia a su madre e hijos. Seguía bebiendo para tratar de olvidar su locura que lo asfixia en estos tiempos de razón, tenía un nombre, como había tenido miles. Las madres e hijos, a cada uno lo amaba y lo recordaba con cariño.
Todo le decía que no había nada de razón o lógica en sus recuerdos, pero el sabía que eran reales, cada vez que se emborrachaba era como volver a ese fatídico día donde el sol rojo bajo hasta la tierra enfurecido y encerró a quienes habían eliminado al árbol, encerrándolo en la luna.
Una vez que la tierra volvió a quedar solo por las alimañas que vivieron en el árbol, el ciclo empezó a girar.
Miraba su vaso, no podía dejar de sentirse tan cuerdo como siempre, pero sabía que ya había echado raíces muy en el fondo de su locura o la verdad, aunque se engañaba sabía que algún día caería victima de ella y volvería a su madre original, a su árbol y sus estrellas.
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Cuesta huir de uno, cuando tienes exito, solo vuelves a caminar hacia a ti.
"Olvidando, serás libre y apenado. Construyendo, comprenderas el caos. Estando loco, todo volverá a tener sentido"
adios
Thursday, December 11, 2008
Dulce navidad
Parece que suelo ser un poco más sensible de lo que aparento, por ese motivo se me suelen llenar los ojos de lagrimas, pero en realidad yo creo que mi cabeza es un océano, porque siempre hay puros peces deambulando por ella y algún que otro pescador que se fue al abismo simplemente por no tener cuidado.
Aunque lo que quiero compartir el día de hoy es que estuve leyendo cartas de navidad para el viejo pascuero y hubo una que me marco, no daré la lata de reproducirla entera solo me limitare a las frases que se que nunca olvidare “Por favor viejito, solo te pido ver a mi mamá un minuto, nada más que un minuto… sino se puede, viejito regálame un telescopio porque quiero verla en el cielo”, quizás si tuviera un poder o si me dieran un regalo, me gustaría que todos esos deseos sinceros y potentes se cumplieran. Estoy algo cansado del consumismo y los comerciales de navidad, no me importa que tenga diferentes nombres, pero sí existe una fecha al año que nos inspire noblemente a ser mejores… creo que con eso me doy pagado.
Debo reconocer que de repente me quejo de lleno, pero alguien que se largo este año me dejo el mejor regalo de todos, espero poder hacerme cargo de él como ella lo habría hecho e hizo. Así que espero que el deseo de ese niñito de ver a su mamá se cumpla, aunque sea por un minuto, porque lo que nos hace falta en estos días, es creer… solo creer y que eso nos mueva.
Aunque lo que quiero compartir el día de hoy es que estuve leyendo cartas de navidad para el viejo pascuero y hubo una que me marco, no daré la lata de reproducirla entera solo me limitare a las frases que se que nunca olvidare “Por favor viejito, solo te pido ver a mi mamá un minuto, nada más que un minuto… sino se puede, viejito regálame un telescopio porque quiero verla en el cielo”, quizás si tuviera un poder o si me dieran un regalo, me gustaría que todos esos deseos sinceros y potentes se cumplieran. Estoy algo cansado del consumismo y los comerciales de navidad, no me importa que tenga diferentes nombres, pero sí existe una fecha al año que nos inspire noblemente a ser mejores… creo que con eso me doy pagado.
Debo reconocer que de repente me quejo de lleno, pero alguien que se largo este año me dejo el mejor regalo de todos, espero poder hacerme cargo de él como ella lo habría hecho e hizo. Así que espero que el deseo de ese niñito de ver a su mamá se cumpla, aunque sea por un minuto, porque lo que nos hace falta en estos días, es creer… solo creer y que eso nos mueva.
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